Hace un par de días me sentí sumamente frustrada por que no podía explicar que quiero hacer como proyecto de tesis. Me frustré no solo por el hecho de no poder encontrar la forma de concretar mi tema, sino que a la vez me voy rezagando con respecto a mis compañeros y el reloj solo hace tic, tac, tic, tac.
Cuando intenté explicar mi tema, todos me vieron con cara de que no entendían nada de lo que les decía. La profesora también aportó algunos comentarios que me hicieron dar cuenta de lo confundida que estaba. Ese día no pude hacer otra cosa más que pensar que probablemente, no estaba haciendo bien trabajo, surgió una sombre gris sobre mí, que me desanimó y me obligó a repensar que quería hacer.
Con toda mi desilusión, desesperanza y frustración decidí enviar un correo al que será mi asesor de tesis, el profesor Villalba. Esperé todo el fin de semana, para obtener una respuesta del profesor, pero nunca llegó; eso lo único que provoco fue que yo me sintiera peor...
No encontraba la solución a mi problema y lo peor es que seguía dándole vueltas al asunto; yo quería hacer algo nuevo, innovador, algo sobre lo que no se haya escrito jamás... En la clase me recomendaron que no me preocupara por eso, finalmente la originalidad de mi tesis, será la perspectiva que a través de lo que he aprendido pueda darle al tema. Eso fue un comentario que me ayudó, sin embargo, el hecho de que viniera de mis compañeros y de los adjuntos, hizo que el comentario perdiera fuerza, no por el hecho de quien venía, sino por el hecho de que es más alentador que cualquier otra cosa.
Finalmente el día de ayer mi asesor me dijo que le ciontara de manera personal que me ocurría, le platiqué acerca de los comentarios que me hicieron y lo que tenía en mente para el proytecto.
Cuando terminé de contarle lo que me pasaba, con un tono muy severo me hizo algunas observaciones y entre esas observaciones se encontraba el hecho de que debía dejar de lado el tratar de encontrar un tema que revolucione las Relaciones Internacionales, fue un comentario muy parecido al que me habían hecho en la clase, pero con la intensidad de un regaño.
A veces hace falta toparte con la realidad de una manera cruda para que lo puedas comprender; al final el profesor vió mi rostro desanimado nuevamente y me dijo, que aunque todos mis compañeros escogieran el mismo tema que yo, cada uno de los trabajos será distinto por el hecho de que pensamos de manera distinta, me recordó tanto a Emmanuel.
Su comentario era para tratar de animarme e incentivarme para que continuara con mi trabajo. Me dí cuenta de que necesito disciplina y rigor para ponerme a trabajar, no necesariamente con alguien detrás de mí para recordarme cada 5 segundos lo que debo hacer, pero si que alguien que me guíe, que tenga un poco de interés por lo que hago y que de vez en cuando me miré con ojos de reprobación cuando no hago bien las cosas.
En fin, es hora de dejar a un lado los delirios de grandeza y realmente ponerme a trabajar!.
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